Bueno ¿que puedo decir de Esther que no sepáis?
Diré que es la única mujer que ha conseguido que me quiera casar y por la iglesia nada más y nada menos, que para aquéllos que me conocéis, sabéis que es mucho decir. Es la alegría personificada, cariñosa y paciente como pocas, no conoce el rencor, bueno en alguna ocasión lo vio de lejos. Su sonrisa es capaz de hacerte olvidar todos tus problemas y preocupaciones en cuestión de segundos y su belleza me cautivó desde el primer día. Cuando pone esos ojitos de gato de shrek no soy capaz de negarle nada, por eso viven entre nosotros Lupe & Trasto, dos seres peludos que no entienden de normas ni convencionalismos, hacen lo que quieren y cuando quieren; vamos, que siguen la filosofía de su dueña a pies juntillas.
Su elegancia no se ve mermada ni siquiera recién levantada con sus gafotas de pasta y sus pelos mañaneros de orangután peleado, es mi princesa.
Es un trasgo, hace desaparecer las cosas o las cambia de sitio, vamos que es el desorden personificado… eso sí, lo hace todo con tal gracia que es complicado enfadarse con ella.
Lo suyo no son las matemáticas, tampoco pretende que lo sean, así que si alguna vez te tanga pasta haciendo cuentas, no se lo eches en cuenta, la próxima vez se auto-tangará pasta ella misma y quedaréis en paz; es un acto aleatorio por el que hemos pasado todos, incluso su madre.
Pero claro, como buena mujer que es, tiene toda una gama de matices cromáticos que es mejor descubrir día a día, nunca deja de sorprenderte.
Ella es mi complemento, mi yin, mi media naranja, todo aquello que me falta para estar vivo y completo, sí, es muy cursi, pero el amor es así, cursi pero necesario. Esta es Esther a grandes rasgos.
¡¡¡¡ Si no existiera habría que inventarla!!!